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NBA | FINALES 2020 – Los Angeles Lakers, campeón eterno

Los angelinos sentencian a los Heat (4-2) y recuperan el trono de la NBA diez años después y tras seis sin playoffs. Cuarto anillo y cuarto MVP para un legendario LeBron James.

Los Angeles Lakers, otra vez. De repente: de seis años sin playoffs ni balance ganador al anillo. Del miedo a ser solo un fantasma del pasado, aunque uno deslumbrante, a ponerse al día en un puñado de meses. Al día con el ritmo frenético de la actual NBA y con su propia historia, que es historia del baloncesto: 32 finales jugadas, más que nadie, y 17 títulos de campeón, por fin los mismos que los Celtics, el eterno y odiado rival al que llevaban persiguiendo medio siglo. Los Lakers han ganado en todas las épocas, en todos los estilos, en todos los baloncestos. Es su identidad, es el púrpura y dorado y es el sello de Los Ángeles, de las luces de neón de Hollywood a los barrios más curtidos de una ciudad dura y auténtica, más real de lo que muchos la suelen imaginar. La ciudad de los ángeles. La ciudad de los Lakers.

Cualquier título de la NBA (todos cuestan sangre, sudor y lágrimas) es especial, pero es imposible negar que hay algo en este equipo de 2020 que ya se ha grabado en una historia en la que es muy difícil hacerse hueco pero que impulsa a la eternidad a quien lo encuentra. Porque cuando ganan los Lakers ganan George Mikan, Jerry West, Wilt Chamberlain y Elgin Baylor. Ganan Magic Johnson, James Worthy y Kareem Abdul-Jabbar. Ganan Shaquille O’Neal y Kobe Bryant, el llorado Kobe, tan presente en las entrañas de esta temporada. Ganan el Doctor Buss, las Laker Girls y el Showtime. Ganan Bill Sharman, Pat Riley y Phil Jackson. Y ganan, también ya, desde hoy, LeBron James y Anthony Davis. La savia nueva de un viejo campeón. El nuevo capítulo de una historia interminable.

Este equipo, acero forjado, ha ganado en la temporada en la que murió Kobe y en la que la pandemia ha crujido al planeta y ha convertido el curso 2019-20 de la NBA en una agotadora carrera de fondo. Casi un año de calendario real, un parón de más de cuatro meses. La burbuja de Walt Disney. Unos playoffs herméticos sin público ni desviaciones ambientales, prácticamente condiciones de laboratorio para elegir al mejor. Al más fuerte de físico y mente, al mejor preparado, al más resistente: al campeón de la NBA. Y ese equipo es, vuelve a ser, Los Angeles Lakers. De repente, otra vez, el mejor. De nuevo a la altura de su legado, primero alcanzando el paso de su historia y después acelerando para reescribirla. La firma del campeón eterno.

Los Lakers han sido el mejor equipo de la temporada, de cabo a rabo. Sumando la burbuja y la felicidad que la precedió, fase regular y playoffs, ataque y defensa. Lo que ahora parece una obviedad, conviene recordarlo, no lo fue tanto: en julio Kawhi Leonard eligió a los Clippers y dejó a los Lakers sin plan A ni B, con el mercado ya estrujado y sin big three. Muchos no se fiaban de Rajon Rondo, de Kentavious Caldwell-Pope, de Kyle Kuzma o Avery Bradley. Muchos hicieron bromas cuando a la lesión de DeMarcus Cousins siguió el fichaje de Dwight Howard. Cuando los aficionados de los Lakers juraban que Alex Caruso era un torbellino defensivo. Cuando Frank Vogel aceptó el puesto que no quisieron Tyronn Lue o Monty Williams. Cuando LeBron llamó a la guerra con 35 años y en su decimoséptima temporada en la NBA. Cuando algunos trataron de recordar que no convenía apostar contra uno de los mejores jugadores de la historia, que su alianza con Anthony Davis prometía resultados atómicos y que no se había mudado a California para rodar películas. O en realidad sí: esto son los Lakers, esto es Hollywood. Este es, otra vez, el campeón de la NBA. En 2020 como en 2010, 2000, 1988, 1980, 1972 o 1950. La única franquicia que ha reinado en todas las épocas, la madre de todos los campeones.

Este es el título de Jeanie Buss, la verdadera estirpe de su padre, que fue el padre del imperio. Es el título de Vogel, su baloncesto de vieja escuela y su defensa de músculo y poder. Es el título del compromiso, del equipo sin atajos ni descansos, de la química y los roles, del todo por encima de las partes: el título del baloncesto de toda la vida. De los desheredados (Dwight Howard, Rajon Rondo, Caldwell-Pope), los supervivientes como Kyle Kuzma, los ganadores como Danny Green, los antihéroes como Alex Caruso. Este es un título púrpura y dorado, como otros dieciséis anteriores y como los que vendrán, porque es imposible imaginar que no será así. Y es el título de una pareja que ya está entre las más poderosas que jamás ha reunido una franquicia NBA: LeBron James y Anthony Davis. El triunfo por aplastamiento, por superioridad manifiesta, por pura dominación. El triunfo impreso en el corazón de los rivales; el triunfo por K.O.

Una exhibición defensiva para el recuerdo

En los últimos 40 años, desde 1980 (el Año I de Magic Johnson), el Oeste ha ganado 22 títulos y el Este, 19. De esos 22, once se los han llevado los Lakers, los mismos que el total del resto de franquicias. El último, este número 17, llegó desde la defensa. No podía ser de otra forma porque esa es la identidad del nuevo rey de la NBA: una defensa brutal, ultra física, dominante, que revienta a los rivales. Miami Heat puso cara de póquer hasta donde pudo pero se dio de bruces con una realidad de cemento. Agotados, literalmente sin fuerzas y con Jimmy Butler sin reservas de combustible, esta vez no pudieron vivir de los desajustes y los errores de los Lakers, como (con todo el mérito) habían hecho dos días antes. Esta vez los Lakers, con Caruso en el quinteto titular en lugar de Dwight Howard, no concedieron ni un tiro cómodo, no permitieron ni una penetración, no regalaron ni un rebote. Cerraron el cepo sobre una presa que cayó con estruendo, derribada ya antes del descanso.

Por mucho que circularan los Heat, nunca había un tirador liberado. Por mucho que amasara Butler, no se abrían caminos. La exhibición defensiva de los Lakers fue extraordinaria, para el recuerdo. Para la historia de la Finales. Con Anthony Davis (19 puntos, 15 rebotes) en todas partes y la concentración que faltó en tramos del quinto partido. Una respuesta de campeón para un equipo que ha hecho eso durante todos los playoffs, responder: 5-0 sin fallo después de cada derrota. Y durante toda la temporada: 57-0 cuando ha llegado con ventaja al final del tercer cuarto, un dato asombroso. Un par de triples de Duncan Robinson (anulado después) y un par de viajes a la línea de tiros libres dieron un aliento irreal a los Heat (13-13 en siete minutos). El resto fue un aplastamiento, una carnicería. El partido, y con él la Final, saltó por los aires de ese 13-13 al 36-64 del descanso: 23-51 en 17 minutos con un 16-36 decisivo en el segundo cuarto. Un despliegue memorable de los Lakers, que olieron sangre y jugaron al límite, sin dejar de empujar, sin complacencia. Un tramo de baloncesto prácticamente perfecto del campeón.

El partido estaba muerto mediado el tercero cuarto (44-71). Los Heat no eran capaces ni de sacar tiros y los Lakers jugaban al galope y escapaban así de todas las trampas defensivas de Spoelstra. Butler (12+7+8) era un fantasma, ya sin sostén, y LeBron James gobernaba el partido sin aspavientos pero sin cometer ni un error: 28 puntos, 14 rebotes y 10 asistencias con una sola pérdida para el primer jugador que gana el MVP de las Finales con tres camisetas distintas. Un Rey, ya con cuatro anillos, protegido por la inmensa figura de Davis y aliviado por la aparición definitiva de Rajon Rondo, que arrancó el último aliento de su rival con unos minutos maravillosos cuando descansó LeBron. El base acabó con 19 puntos, 4 asistencias y 3 triples que parecieron 30 en el ánimo de los Heat. Al frente de unos secundarios esforzados, otra vez el mejor Caldwell-Pope (17 puntos) y muy firme (11 puntos, 3 triples) Danny Green pese al tormento que habían sido para él las horas anteriores, tras su fallo del quinto partido.

No hubo discusión, Miami Heat no tenía más vidas y los Lakers jugaron sin nervios, sin presión, con una concentración de mármol y sin ningún temor ante un rival que parecía dispuesto a alargar la caza… solo hasta el salto inicial. Finalmente no fue un partido, fue una coronación. Una que la NBA ha visto mil veces. En todas las épocas, en todos los estilos, en todos los baloncestos: la coronación de Los Angeles Lakers; El campeón de la NBA 2019-20, el campeón eterno.

Fuente: As.com

OTROS DEPORTES – James y Davis ponen a Lakers a un triunfo del título de campeones

Todo volvió a la normalidad en el cuarto partido de las Finales de la NBA que Los Angeles Lakers ganaron este martes por 102-96 ante los Heat de Miami y se pusieron con ventaja de 3-1 en la serie que disputan al mejor de siete.

LeBron James y Anthony Davis hicieron la diferencia.

Una vez más la combinación del alero LeBron James y el pívot Anthony Davis, que volvieron a ser las estrellas de los Lakers, hicieron la diferencia en la victoria del equipo angelino, que juegan las Finales de la NBA por primera vez desde el 2010 y buscarán su decimoséptimo título de campeones.

James, como el resto de los Lakers, recuperaron la intensidad en su juego, especialmente en el apartado defensivo, y aunque los Heat recuperaron a su pívot titular Bam Adebayo, baja en los dos partidos anteriores, por lesión, el equipo angelino siempre estuvo al frente del marcador, aunque sin poder distanciarse.

Lo hizo en el momento decisivo de los últimos tres minutos del partido cuando surgió la inspiración encestadora del escolta Kentavious Caldwell-Pope, que anotó cinco puntos consecutivos con un triple y penetración para el parcial de 95-88 y dos minutos por jugarse.

Ahí se acabó el partido para los Heat, que intentaron hacer el milagro de la remontada, pero sin conseguirlo porque el veterano base Rajon Rondo anotó canasta, Davis capturó un rebote defensivo, acompañado de un triple (100-91) y 39.5 segundos por jugarse.

Eso fue todo lo que necesitaron los Lakers para estar más cerca del título que les empata con los Celtics de Boston como las dinastías más ganadoras en la historia de la NBA.

James acabó con un doble-doble de 28 puntos, 12 rebotes –10 defensivos-, repartió ocho asistencias, recuperó un balón y perdió seis, que lo dejaron como el líder de los Lakers, que tuvo a cuatro jugadores, todos titulares con números de dos dígitos.

Davis cumplió con su labor ofensiva e impuso su presencia en el juego interior al acabar el partido con 22 puntos, nueve rebotes, además repartió cuatro asistencias, recuperó un balón y puso cuatro tapones.

Mientras que Caldwell-Pope, que jugó su mejor partido en lo que va de los playoffs, surgió como factor sorpresa ganador al conseguir 15 puntos, incluidos tres triples, y cinco asistencias, que lo dejaron como tercer máximo encestador del equipo.

El también escolta Danny Green, que realizó una gran labor defensiva, llegó a los 10 puntos, además de capturar dos rebotes y recuperar dos balones.

Esta vez el alero estrella de los Heat, Jimmy Butler, aunque se quedó a las puertas de repetir triple-doble en partidos seguidos, al final no lo hizo ni tampoco fue el jugador decisivo del tercer encuentro.

Su aportación de 22 puntos, 10 rebotes, nueve asistencias y tres recuperaciones de balón, lo dejaron líder de los Heat, pero no ganador a su equipo.

El escolta novato Tyler Herro, que fue el que mantuvo a su equipo con los triples del cuarto periodo, acabó como segundo máximo encestador al aportar 21 puntos, incluidos tres canastas desde fuera del perímetro, en siete intentos, además capturó siete rebotes y dio tres asistencias.

El alero Duncan Robinson acabó como tercer máximo encestador de los Heat al lograr 17 puntos, incluidos tres triples de seis intentos, y estuvo perfecto (6-6) desde la línea de personal.

Mientras que Adebayo, recuperado de la lesión de cuello que sufrió en el primer partido, llegó a los 15 puntos y capturó siete rebotes sin que al final pudiese ser factor ganador con los Heat.

El quinto partido de la serie no se jugará hasta el viernes, en el mismo escenario de la burbuja de Orlando.

Esta es la trigésima sexta vez que un equipo tiene una ventaja de 3-1 en las Finales de la NBA. De los 35 anteriores, el equipo con el liderazgo ha ganado el título 34 veces, siendo los Cavaliers de Cleveland, con James de líder, en el 2016, los que se convirtieron en la excepción cuando ganaron tres partidos consecutivos a los Warriors de Golden State y lograron su primer título de liga.

Mientras que en la situación de las finales 3-1, la serie ha terminado en cinco partidos el 51,4% de las veces (18), en seis el 40% (14) y en siete el 8,6% (tres).

Fuente: Ultima Hora.com

HISTORIA DE LA NBA 2007 y 2018: los dos milagros de LeBron para alcanzar las Finales

En 2007 anotó 48 puntos a los Pistons y en 2018 cuajó unos playoffs históricos. Dos años muy distintos con un común denominador: los milagros de LeBron.

LeBron James, durante un partido de los playoffs de 2019 con Cleveland Cavaliers

Entre 2007 y 2018 pasaron muchas cosas en la NBA. Buenas, mejores, malas y distintas, pero siempre con ciertas dosis de glamour y mucha historia dentro de una competición que siempre ha sabido venderla y que crea narrativas y discursos apropiados para cada momento concreto. En esos 11 años, los Spurs ganaron su cuarto y quinto anillo, los Celtics volvieron a reinar por primera vez en 22 años, Kobe Bryant sumó dos campeonatos más en su obsesiva persecución de Michael Jordan, Nowitzki logró la redención, los Warriors emergieron como dinastía en plena era del triple y LeBron hizo un viaje de partida y regreso que culminó en ese 2018, cuando se despidió de los Cavaliers tras regresar en 2014 para reconciliarse con una ciudad a la que se lo ha dado todo y que le odiaba de una manera casi irracional tras la polémica The Decision y todo lo que ello supuso. Entre otras muchas cosas, los dos primeros anillos del Rey, claro, que volvió a ganar en 2016 cumpliendo las promesas hechas tiempo atrás y coronándose como uno de los mejores jugadores de siempre, una posición que ocupa de manera objetiva y en la que sigue intentando ascender, buscando su lugar definitivo en el Olimpo y en la historia, ahora en plenas Finales y con la camiseta de los Lakers.

Más de una década fue la que necesitó LeBron para alcanzar una redención eternamente postergada y no del todo asimilada por todos los sectores del baloncesto. Es el tiempo que pasó entre las primeras Finales de su carrera y las últimas que había disputado hasta este año. También las primeras y las últimas con los Cavs, de los que se marchó en 2018 ya como héroe y no como villano, dejando un legado inabarcable en una franquicia que desaparece neta y completamente del mapa cada vez que deja de tener a LeBron en sus filas. Hoy, el equipo de Ohio es una sombra de lo que fue con su último (y único) gran héroe, que en 11 temporadas en la franquicia, dividida en dos etapas, ha disputado los playoffs en nueve ocasiones, y ha disputado cinco Finales, ganando un anillo. Casi nada en una ristra incombustible de exhibiciones que acabaron con uno de los dos mayores milagros que protagonizó en su carrera, en 2018. Precisamente, 11 años después de realizar el primero, con apenas 22 años de edad. Dos actuaciones que no han hecho más que aumentar una leyenda ya de por sí gigante y que forman parte de una reputación intachable.

El Palace sucumbe a LeBron

En 2007, los Cavs eran un equipo pequeño que iba en ascenso y que tenía en sus filas a una estrella en potencia ya prácticamente, en su tercer año como profesional, consolidada. En la 2005-06 se colaron en playoffs con Mike Brown de entrenador. Un buen tío, con amplios conocimientos defensivos y criado en la escuela Popovich, esa que ha dado una horda de técnicos a los banquillos de la NBA sin que ninguno se asemeje a su mentor, más allá de un Steve Kerr que bebió de la fuente de la sabiduría cuando todavía era jugador. Eso sí, llegar a alcanzar a Pop es misión casi imposible, y Brown era un buen entrenador que se fraguó una buena fama en unos años en los que lo se bajó de los playoffs, alcanzó las Finales, consiguió cuatro temporadas por encima de las 50 victorias y dos superando las 60. Su abrupta salida de los Lakers a inicios de la 2012-13 dañó su imagen, y tras un segundo y efímero paso por los Cavs volvió a su puesto de asistente, esta vez en los Warriors de Steve Kerr.

En su primer año, la 2005-06, coló a los Cavs en playoffs por primera vez desde 1998, y les clasificó para segunda ronda, algo que la franquicia no conseguía desde 1993, con Lenny Wilkens en los banquillos y esa plantilla que el año anterior disputó las finales del Este contra los Bulls de Jordan. En esa temporada, LeBron promedió 31,4 puntos, 7 rebotes y 6,6 asistencias. Los Cavs cayeron en semifinales ante los Pistons en siete durísimos partidos, y ese sería el rival que tendrían enfrente en la 2006-07, un año más tarde, pero en las finales del Este. Con el mismo récord que el año anterior (50-32) y un equipo formado por promesas que no cuajaron y algún veterano de lujo (Varejao, Donney Marshall, Erik Snow, Larry Hughes, Pavlovic, Drew Gooden, Iglauskas…), estaban por detrás de los Pistons en las apuestas. La última versión competitiva de los Bad Boys venía de jugar las Finales de 2004 (con anillo) y 2005 y de alcanzar la última ronda del Este en 2006. A la salida del banquillo de Larry Brown dos años antes se unió la llegada de un Flip Saunders, famoso por entrenar a los Wolves de Garnett, que alcanzó 64, 53 y 59 victorias en tres temporadas, todas ellas saldadas con esas finales del Este que ya no volverían a superar.

Tampoco ese año, a pesar de adelantarse 2-0 en la eliminatoria con dos partidos que ganaron de tres puntos en el Palace, en los que dejaron a LeBron en apenas 14,5 puntos y un 35% en tiros de campo. Las cosas cambiaron en Ohio: 32+9+9 y 25+7+11 para James, que ese año había promediado 27,3+6,7+6 en regular season, aunque siendo relegado al segundo Mejor Quinteto tras alcanzar el año anterior el primero. Los Cavs empataron la eliminatoria y fueron de vuelta al Palace, donde apareció la magia del Rey: 48 puntos, 9 rebotes, 7 asistencias y 2 robos con un 18 de 33 en tiros de campo. Pero no acaba ahí la cosa, ya que LeBron convirtió los últimos 25 puntos de su equipo, y 27 de los últimos 28. En el último cuarto anotó 11 con 5 de 6 en tiros de campo; en la primera prórroga, los 9 de su equipo, con 2 de 4 en tiros. Y en la segunda, otros 9 sin fallo (4 de 4), incluida la bandeja que decidió el partido, silenciando el Palace y tomando la delantera en la eliminatoria.

Los Cavs ganaron el sexto partido con 20+14+8 de un LeBron que disputó 46 minutos y 19 puntos en el último cuarto de Daniel Gibson, con 4 de 4 en triples. Pusieron rumbo a las primeras Finales de su historia, siendo aleccionados por los Spurs (4-0), que secaron a LeBron. Fue Tim Duncan, otro ser adimensional, el que fue a buscar a un Rey todavía sin corona a su vestuario para decirle eso de esta Liga un día será tuya. Desde luego, LeBron cumplió con creces con lo que le dijo el ala-pívot, pero ese año, ante Detroit, hizo su orimera gran exhibición, una que permitió que se le empezara a ver como uno de los mejores jugadores de la competición y con la que dejó atrás ese sainete que le infravaloraba, con nomenclaturas como robot y hombre que solo sabía penetrar. Fue el principio de su reinado. Uno que puede seguir vigente si conquista este año la victoria.

2018: El Rey contra todos

LeBron promedió 27,5 puntos, 8,6 rebotes y 9,1 asistencias en la 2017-18. Con 33 años, lideró la Liga en minutos por partido (36,9), disputando los 82 de la regular season por primera y última vez en su carrera. Los Cavs llegaron a las 50 victoorias con mucho esfuerzo, crisis constantes de juego y un grupo desmadejado tras la salida de Kyrie rumbo a los Celtics y que se había conformado con el anillo de 2016. LeBron tiró del carro, jugó hasta la extenuación y firmó 52 dobles-dobles y 18 triples-dobles. Por ahí quedan esos 57 puntos anotados ante los Wizarfds, los 44+11+11 de la derrota ante los Sixers o los 35 puntos y 17 asistencias que firmó ante Toronto. Nadie daba un duro por un grupo en el que Kevin Love mostraba su versión más fantasmagórica, J.R Smith parecía consumido por la vida y Korver y George Hill intentaban, con sus 36 y 31 años, tirar del carro como buenamente podían junto a un Calderón que llegaba también a los 36. Y Tristan Thompson, Jeff Green… Fue el año de Isiah Thomas, Dwayne Wade y Derrick Rose, que se marcharon a mitad de temporada, y en el que en ningún momento hubo rumbo o dirección en un equipo totalmente a la deriva.

LeBron era el único que no estaba para bromas. En primera ronda, tuvo que anotar 46 puntos para que los Cavs ganaran el segundo partido, 44 en el quinto y 45 en el séptimo, con un tapón monumental sobre Oladipo que le dio el pase a los suyos a semifinales y dio continuidad a su imbatibilidad en una primera ronda que nunca ha perdido. Promedió 34,4 puntos, 10 rebotes y 7,7 asistencias con un 55% en tiros, algo asombroso y absolutamente impresionante que no haría más que mejorar. Famosa es su imagen vendado mientras sus compañeros celebraban la primera victoria en segunda ronda, ante los Raptors, después de jugar 41 agotadores minutos en la ronda anterior y llegar casi sin descanso a la nueva serie. Pues bien, 26+11+13, 43+8+14, 38+6+7 y 29+8+11. 4-0, adiós a Dwayne Casey, su premio a Mejor Entrenador y sus 59 victorias y pase a las finales del Este con favor incluido a los canadienses, que dieron por finalizada la etapa de DeRozan en la franquicia y con su salida consiguieron a Kawhi y, un año después, el anillo.

En las finales del Este se produjo el enésimo milagro ante unos Celtics ya de por sí milagrosos, que llegaban a dicha ronda sin Kyrie ni Hayward pero imbatidos en casa y con un juego coral absolutamente fabuloso. LeBron volvió hasta los siete partidos, y cayó tres veces en el Garden antes de conquistarlo en el séptimo, dejando a Boston con un 10-1 en su feudo en playoffs. Una única derrota… pero muy cara. LeBron superó los 40 puntos otras tres veces en esa ronda, se fue a 46+11+9 en el sexto encuentro y a 35+15+9 en el séptimo y promedió 33,6+9+8,4 con un 52,4% en tiros. Alcanzó sus octavas Finales consecutivas, algo que antes solo habían conseguido los Celtics de Bill Russell en la prehistoria de la NBA, y aún tuvo tiempo para irse a los 51 puntos en el duelo inaugural ante los Warriors. Al final, 4-0, con 34 puntos, 8,5 rebotes y 10 asistencias del Rey, que cedió el anillo pero se quedó con su corona, despidiéndose de Ohio con una gran ovación que agradecía los servicios prestado y le permitía marcharse, esta vez sí, con los deberes hechos y la conciencia tranquila.

LeBron ha tenido otras actuaciones extremas (el sexto partido de las finales del Este de 2012, sin ir más lejos), pero en ninguna ha estado tan detrás en las apuestas o ha tenido tan mal equipo como en esas dos, cuando era inferior a sus rivales en la teoría pero, como ha hecho en otras ocasiones, transformó la realidad a su antojo y demostró que las predicciones están para romperlas. En 2007, se hizo un hueco en la Liga siendo tan precoz como talentoso y demostró que podía llegar a cotas inimaginables, unas que ha alcanzado y superado. En 2018, se confirmó que podía luchar contra los elementos con el mismo ahínco que para recuperar esa reputación perdida o dar la vuelta a ese sentimiento que le transformó, allá por 2010, en el hombre más odiado del planeta. En esos playoffs, superó los 50 puntos una vez, los 40, ocho y los 30, 12, además de conseguir 11 dobles-dobles y 4 triples-dobles. En definitiva, dos milagros que suponen dos de las mayores exihibciones de la historia de la NBA. Algo propio de, ya se sabe, una leyenda.

Fuente: As.com

NBA | FINALES 2020 – Jimmy Butler tiene mil vidas

Colosal partido del escolta y exhibición de los Heat, que superan a unos Lakers horribles y se enganchan a las Finales (2-1). Pésimo último cuarto de LeBron James y Anthony Davis.

Mucha gente, demasiada, se empeñó en dar por muertos a los Heat. Mucha gente dio por cerrada la Final con las lesiones de Goran Dragic y Bam Adebayo, que tampoco jugaron el tercer partido. No digamos cuando los Lakers sortearon sin demasiado esfuerzo la resistencia de un rival muy mermado para poner el 2-0 el pasado viernes. Pero esto son las Finales de la NBA y hay que jugar. Siempre hay que jugar. Esto es la NBA y esto es deporte: si se cumplieran todos los guiones, no nos pasaríamos la vida mirando. El tercer partido (115-104) de las Finales 2020 de la NBA, una noche gigantesca de Jimmy Butler, es un buen recordatorio para todos los que tenían prisa por decretar campeón y sacar conclusiones: siempre hay que jugar. Siempre. Hasta la línea de meta.

Quizá los Lakers también necesitaban un recordatorio. Mañana (03:00 hora española) veremos cuánto había de falta de concentración e intensidad y cuánto de dificultades reales contra unos Heat que han hecho el primer milagro que necesitaban para seguir vivos: robar una victoria todavía sin Dragic y sin un Adebayo que dijo que jugaría este tercer partido pero, finalmente, volvió a ser baja. Los Lakers, en franca superioridad de efectivos y teóricamente de fuerzas, dejaron escapar el 3-0 en un partido horripilante. Si fue solo eso, una mala noche, lo sabremos en el cuarto: o bálsamo o ataque de nervios. Ahora la presión está en los dos bandos. Hay Finales.

Porque los Heat se han ganado el derecho a pensar que todo es posible. No digamos si vuelve Adebayo, el que más cerca parece, o si junto al pívot regresa Goran Dragic. Los de Florida dieron una lección de resistencia física y mental, de supervivencia y, esto es importante, también de baloncesto. Fueron, de cabo a rabo, el mejor equipo en la pista. El más enérgico, el más desesperado… pero también el mejor en casi cualquier concepto de juego. No todo, y más les vale a los Lakers mirarse en ese espejo, se explica por una cuestión de entusiasmo. Al contrario: los Heat fueron perfectamente superiores a partir de un recital táctico de Erik Spoelstra, un extraordinario entrenador que lleva dos partidos dando un clinic que tiene paralizado a un Frank Vogel que necesita respuestas. Su rival le está quitando recursos, jugadores útiles y armas a medida que avanzan las Finales. Poco a poco, golpe a golpe… veremos hasta dónde.

Butler y un partido que es historia de las Finales

El caso es que la seguridad del 2-0 ha desaparecido y el sueño esponjoso del 3-0 se ha derretido. Veremos si se convierte en pesadilla. Los Heat cerraron la zona a cal y canto con un extraordinario ejercicio de esfuerzo colectivo en defensa (no tienen intimidación sin Adebayo) y sacaron del partido a un Anthony Davis que ayudó cargándose de faltas por buscar espacios donde no había en el pastoso ataque de su equipo. El partido, como el segundo, fue una invitación a que los Lakers se dispararan en el pie por su irregularidad desde la línea de tres. Con lo que seguramente no contaban los Heat era con un despliegue lamentable de un rival que rara vez parece tan fuera del partido, tan frágil, tan desnortado: en el minuto 8 los Lakers habían perdido ya 9 balones y caían 22-9, tantos puntos como unas pérdidas que eran 10 al final del primer cuarto y 14 al descanso. Con ese colchón de puntos a favor, Miami Heat se hizo fuerte en su circulación de balón, su localización de los tiradores abiertos y el liderazgo espartano de Jimmy Butler, uno de los jugadores mejor equipados del mundo cuando se trata de jugar contra los elementos. Contra la misma lógica.

Jimmy Butler siempre ha sido una estrella atípica. Un tipo duro que ha pasado ya por cuatro equipos y que, nunca satisfecho, se ha pasado su carrera buscando lo que ofrecen, precisamente, estos Heat de Spoelstra en los que encaja como un guante: preparación constante, energía, compromiso, unidad. Manada. Butler jugó un partido emocionante, colosal, difícilmente explicable si se parte de lo corto que va su equipo sin dos titulares y de lo dura que suele ser para todos los rivales la defensa híper musculosa de los Lakers. Dos días después de jugar más de 45 minutos y perder, no mostró un solo síntoma de desaliento y percutió sin parar, sin mirar atrás y sin ningún miedo. Él siempre juega así y desde luego jugó así en el día en el que más lo necesitaba su equipo. Que ahora tiene lo único que podía sacar de esta noche: una oportunidad.

La defensa de los Lakers, y esto es un mal síntoma para un equipo que vive de ella, lleva dos partidos yendo un paso por detrás del movimiento diabólico (con y sin balón) de los Heat. Y sin ningún antídoto contra un heroico Jimmy Butler que en tres días ha jugado más de 90 minutos y que acabó este tercer partido, una actuación que será recordada para siempre si los Heat revientan la Final, con 40 puntos, 11 rebotes, 13 asistencias, un 14/20 en tiros, 2 robos y 2 tapones. Contribuyó, entre anotación y pases de canasta, a 73 puntos de su equipo, la segunda cifra más alta de la historida desde los 74 de Walt Frazier. Y se convirtió en el tercer jugador (junto a LeBron James y Jerry West) con un triple-doble de al menos 40 puntos en las Finales. Y el único en 40 años junto a Shaquille O’neal y Kareem Abdul-Jabbar que llega a esa anotación sin tirar ni una sola vez de tres. Y el primero, y es un dato tremendo, que acaba un partido de las Finales con más puntos, rebotes y asistencias que LeBron en las ya diez luchas por el título que acumula el 23 de los Lakers.

En la historia de la lucha por el anillo solo se ha remontado cuatro veces un 2-0. Pero una la protagonizaron los Heat para llevarse su primer título (2006), con cuatro victorias seguidas y gracias a un despliegue casi sobrehumano de Dwyane Wade. Este partido de Jimmy Butler recordó a aquellos de Flash hace catorce años. Los dos, Wade y Butler, son productos de la Universidad de Marquette. Para el que quiera sacar a pasear la superstición.

La batalla de los últimos minutos

Butler jugó un partido colosal, superlativo. Y en el que fue capaz de encontrar, poco a poco, socios con los que mantener el rumbo: a duras penas Jae Crowder y Duncan Robinson, de menos a más un Tyler Herro que apareció al final y otra vez y como en el tercer partido, Olynyk, un invitado inesperado que se ha hecho (17+7 esta vez) tan importante como la ausencia de Adebayo le obligaba. Ha cumplido, como su equipo, que firmó un ejercicio admirable de fe porque, y puede que sea lo más asombroso de todo, ganó mil veces y sin venirse nunca abajo. Sin miedo, sin nervios, sin síntomas de cansancio. Cada vez que mereció amasar una ventaja amplia se encontró a los Lakers a un palmo (26-23 al final del primer cuarto, 58-54 al descanso). Y ya en el último cuarto, de repente, se vio por detrás (89-91) pero enlazó en los últimos nueve minutos un parcial de 26-13. Cuando lo normal era esperar la aparición de LeBron James y Anthony Davis, el hundimiento físico o la bajada de plomos anímica del equipo al que parecía no bastarle con hacerlo todo bien. Pero los Heat ganaron también la batalla de los últimos minutos y salen muy fortalecidos de este partido. Mucho, absolutamente resucitados. A ver qué pasa mañana.

A los Lakers les esperan, se supone, largas sesiones de vídeo hoy y mañana. Como mínimo. Ganan 2-1, solo han perdido un partido y siguen a dos triunfos del anillo y en ventaja. Pero estos son las Finales de la NBA y no iba a ser tan fácil, dijera todo el mundo lo que dijera. Mas allá de la derrota, Vogel debería reflexionar sobre lo que ha sucedido en los dos últimos partidos: Dwight Howard sin sitio contra un rival que abre mucho la pista y un suicidio en la línea de tres cada vez que la bola llega a Danny Green (0/4 esta vez) y Caldwell-Pope. Los dos jugadores que hacen inalcanzables a los Lakers solo con firmar unos porcentajes decentes en los tiros liberados acumulan en los dos últimos partidos en un 4/26 en triples. Malos pases, faltas de ataque, posesiones gastadas sin criterio, poca circulación, síntomas de desconfianza y, como puntilla, un mal partido de las megaestrellas. Hasta eso falló: Anthony Davis, cegado por los ajustes de Spoelstra, se quedó en 15 puntos, ni uno en el último cuarto. LeBron acabó con 25 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias pero en el último cuarto totalizó cinco puntos… y cuatro pérdidas. Sus errores cuando la resolución estaba en el aire fueron groseros y, superado por Butler en los dos lados de la pista, acabó con 8 pérdidas dos días después de no conceder ninguna. Así son las Finales y él, que está jugando las décimas, lo sabe mejor que nadie. Responderá.

El banquillo mantuvo a los Lakers a flote. Y ni siquiera Rondo brilló esta vez: un poco de Caruso (en la primera parte), y 19 puntos por cabeza para Kyle Kuzma y Marikieff Morris, que metieron 9 triples (9/19) y aportaron los únicos rayos de luz a unos Lakers cuyo partido fue durante muchos minutos impresentable y que acabaron ganándose a pulso una derrota cuyas consecuencias son impredecibles. Si es solo un rasguño en la carrocería o el primer aviso de un motor que se está gripando lo sabremos mañana, en un cuarto partido que de repente se ha llenado de preguntas. Y que nos dará muchas respuestas, seguro.

Fuente: AS.com

NBA | FINALES 2020 – Butler: la estrella a la que echó su madre de casa por su mirada

En su cuarto equipo en cuatro años, Jimmy Butler ha encontrado por fin su sitio. Fan de la música country y de Neymar, vende cafés en la burbuja de Florida a 20 dólares la taza.

“¡Están en problemas!”. El grito de Jimmy Butler, tras anotar su última canasta y congelar cualquier amago de reacción de los Lakers, fue recibido con júbilo por el banquillo de unos Heat crecidos, que en el tercer partido de las Finales pasaron de presa a cazador, evitaron el 3-0 en contra y dieron un revolcón tremendo a un rival que perdió una oportunidad increíblemente importante dadas las ausencias de Goran Dragic y Bam Adebayo.

Butler se burlaba así, en su momento, de lo que le había dicho LeBron James antes del descanso, cuando las ventajas en dobles dígitos de los Heat se habían esfumado y parecía que el equipo de Florida volvería a quedarse corto hiciera lo que hiciera. No esta vez, y a pesar de que los Lakers, sin merecerlo, se pusieron por delante a nueve minutos del final. Pero Butler anotó 10 puntos en ese parcial definitivo y terminó con 40, 11 rebotes y 13 asistencias. Un partido para la historia de las Finales de la NBA: el único junto a Jerry West y LeBron James con un triple-doble de 40 puntos, el único desde Shaquille O’Neal en 2002 con una anotación así sin tirar un solo triple y un esfuerzo de 73 puntos, entre canastas y asistencias, que en la historia de la lucha por el título solo superan los 74 que acumuló Walt Frazier. Nada más, nadie más.

En sus décimas Finales, LeBron vio como por primera vez un jugador anotó, reboteó y asistió más que él: Butler no solo hizo eso sino que se agigantó en un último cuarto (con más de 90 minutos en pista en 48 horas) en el que LeBron sumó cuatro pérdidas. Butler ya era una estrella, es obvio: cinco veces all star, tres en el Tercer Mejor Quinteto, oro con Estados Unidos en Río 2016. Pero quienes defienden que es una megaestrella, uno de los mejores jugadores de la NBA cuando hay que jugarse de verdad las habichuelas, pueden usar este partido como prueba. Ningún jurado les quitará la razón.

El ascenso de un ganador inesperado

Butler es un tipo particular, de carácter complicado, y un jugador que a veces no parece encajar en estos tiempos. Aunque en realidad es seguramente eso lo que le hace tan peligroso. La burbuja de Florida, donde nadie contaba con los Heat en las Finales cuando se reabrió la temporada, se ha convertido en un ecosistema perfecto para alguien como él, un competidor obsesivo, capaz de bloquear cualquier distracción y de una resistencia infinita. No quiso visitas cuando los familiares pudieron entrar en Walt Disney World porque aquello era “un viaje de trabajo”. Nada de placer. Allí, en esa burbuja que tiene a sus Heat a tres victorias del anillo, ha pasado su trigésimo primer cumpleaños y el primero de su hija. Adora la música country, algo en lo que no coincide con casi ninguna otra estrella afroamericana de la NBA, es amigo de Mark Wahlberg y en Río 2016 se enamoró del fútbol por Neymar. Así que después, cuando visitó Francia con Wahlberg y volvió a ver jugar a Neymar, se hizo hincha del Paris Saint Germain.

Cuando comenzó la burbuja, su cafetera francesa se coló en todos los portales de información NBA. En hoteles con un café de andar por casa, Butler montó un negocio en su habitación: 20 dólares por taza (“esto está lleno de estrellas de la NBA, pueden pagarlo; de hecho, podría cobrar las tazas a 30”) y un nombre (Big Face Coffee) que ya ha registrado y que muchos creen que puede ser el inicio de una próspera aventura empresarial. Mientras, ha llevado a unos Heat espléndidos a las Finales de la NBA tras pasar por encima de Pacers y, con muchas apuestas en contra, Bucks y Celtics. Ahora, también sin la fe de casi nadie, intentan remontar a los Lakers un 2-0. En las Finales, solo se ha logrado cuatro veces. Una, los Heat de Dwyane Wade en 2006. Wade y Butler son, lo dos, productos de la Universidad de Marquette. El que quiera encontrar señales para el optimismo en Miami, ahí tiene una.

Pero si Wade fue una estrella universitario y el número 5 en uno de los mejores drafts de siempre (2003, el de LeBron James), el camino de Butler hasta Marquette y un contrato de 142 millones de dólares con los Heat fue mucho más escarpado. De hecho llegó a la NBA desde la última plaza (número 30) de la primera ronda del draft en 2011. Y después de un lustro de estabilidad en Chicago Bulls, los Heat son su cuarto equipo en cuatro años (ha pasado también por Timberwolves y Sixers). Nunca satisfecho, siempre con aires de outsider hasta que ha encajado como un guante en la cultura de los Heat y el libreto de Erik Spoelstra. Una idea, la mudanza a Florida, que anidó en su cabeza cuando escuchó, en la temporada 2016-17, hablar maravillas de los Heat a un Wade que por primera vez jugaba fuera de Florida y alucinaba con el desbarajuste estructural de los Bulls. Wade solo vivió un año en su ciudad natal, Chicago, antes de regresar tras repostaje en Cleveland a Miami, el equipo de su vida y al que hizo un último gran favor, así se escribe la historia en la NBA, con esas historias a Butler. De avión en avión y de vestuario en vestuario, la opción caló en un Butler en busca de encaje: ¿por qué no Miami Heat?

Butler creció en Tomball, un suburbio de Houston en el que dio tumbos de casa en casa de sus amigos después de que su madre le echara de su hogar porque no le gustaba su mirada. Ahora reconciliado con ella y con su padre, que los había abandonado años antes, la historia de su vida ha sido la de alguien dedicado a romper probabilidades, superar trances, sobrevivir: “en todos mis años de profesión no he visto una vida como la suya. Lo ha tenido siempre todo en contra, ha parecido a punto de fracasar muchas veces… pero hablas con él y ves que está llamado a hacer algo grande”, aseguraba el ejecutivo de una franquicia antes del draft de 2011. Llegó al gran escaparate universitario después de un año en la modesta Tyler Junior College, donde se ganó la llamada de Marquette. En Wisconsin saltó de 5,6 puntos y 3,9 rebotes en su primera temporada a 15,7 y 6,1 en la tercera. En los Bulls también se abrió camino a dentelladas y forjado por el durísimo Tom Thibodeau, que pasó de apenas contar con él como rookie a convertirlo en el jugador con más minutos (38,7 de media) en su tercera temporada, la 2013-14. En la siguiente, 2014-15, fue all star y Jugador Más Mejorado (20 puntos, 5,8 rebotes, 3,3 asistencias por partido). En el verano de 2015 amplió por cinco años y 95 millones de dólares. Ya una estrella. Improbable, pero estrella.

Sin conexión con Towns, Wiggins, Simmons…

Desde entonces, y desde el final de la era Thibodeau en los Bulls hasta su llegada a los Heat, Butler ha sido algo así como la prueba del algodón en los equipos por los que ha estado. Su carácter, difícil y muy frontal, chocó con Fred Hoiberg en Chicago mientras los Bulls abandonaban la senda de la respetabilidad (llevan tres años fuera de playoffs). En Minnesota regaló a los Wolves su única temporada en las eliminatorias en 16 años. Pero salió espantado por el poco espíritu competitivo de dos estrellas jóvenes, Karl-Anthony Towns y Andrew Wiggins, a las que intentó liderar y motivar, otra vez con Thibodeau como entrenador. El divorcio fue sonado. Ya con ánimo de forzar un traspaso al que Thibs se resistía, llamó a ESPN para una entrevista en el training camp de los Wolves y aprovechó el entrenamiento previo para zurrar a base de bien a Towns y Wiggins, gritar su descontento… y ganar a un equipo de titulares jugando con los últimos del banquillo. Pidió irse a Nets, Clippers, Knicks o unos Heat a los que Thibodeau pidió a Bam Adebayo. Pero acabó en los Sixers.

En Philadelphia, encajó bien con Joel Embiid pero nunca se fio del carácter más débil de Ben Simmons. Se quejó de los problemas estructurales de la franquicia y de unas lagunas de liderazgo que no cubría el entrenador, Brett Brown. Aún así, el equipo se quedó a una canasta milagrosa (de Kawhi sobre la bocina del séptimo partido de semifinales del Este) del a la postre campeón de la NBA, Toronto Raptors. Pero Butler, mientras los Sixers se pensaban si era un carácter que podrían templar y renovaban a golpe de talonario a Tobias Harris, encontró su camino, por fin, a Miami; a los Heat y a Pat Riley y Erik Spoelstra. Con un complejo sign and trade que implicó a cuatro equipos y contrato de cuatro años y 172 millones. Los Heat han sido, como llevaba tiempo sospechando, el destino perfecto para él, un guerrero que jamás se cansa y que no presume de nada que no sean los toques de atención en hoteles por estar entrenando a las tantas o sus entrenamientos a las tres y media de la mañana en el training camp de los Heat. Él siempre ha sido así, una roca en busca de la cultura perfecta, el entrenador ideal, el equipo al que servir hasta el límite de sus fuerzas. Y lo ha encontrado. Por eso, nada más y nada menos, Miami Heat está a tres victorias de ser campeón de la NBA.

Fuente: Ultima Hora.com

NBA – Palmarés: los Lakers pueden igualar a los Celtics en la cima de la NBA

Miami Heat busca su cuarto anillo, un mérito enorme para un equipo que nació en 1988. Los Lakers, si ganan, completarán una persecución de décadas al eterno rival.

Palmarés: los Lakers pueden igualar a los Celtics en la cima de la NBA

Los Lakers regresan a una final de la NBA diez años después. Si ganan a Miami Heat, será su decimoséptimo título de campeones. Y ese 17 no es un número cualquiera: si lo alcanzan, los angelinos igualarán a su eterno rival, Boston Celtics, que también tiene 17 pero que solo ha ganado uno desde 1986, el de 2008 con el big three (Paul Pierce, Kevin Garnett, Ray Allen).

Todavía en Minneapolis, los Lakers forjaron la primera dinastía, en la prehistoria de la NBA: cinco títulos entre 1949 y 1954. Pero después irrumpieron los Celtics de Red Auerbach y Bill Russell, lo nunca visto. Los orgullosos verdes jugaron doce finales y ganaron once títulos entre 1957 y 1969. Siete de esa finales, además, se las llevaron ante unos Lakers traumatizados, que (de derrota en derrota) cambiaron Minneapolis por Los Ángeles en 1960.

Después de su título de 1986, los Celtics llevaban 16 anillos y los Lakers, solo nueve. Desde entonces, los del Este han ganado uno y los californianos siete. Dos todavía en los ochenta (1987 y 1988), los tres de Kobe Bryant y Shaquille O’Neal (2000-02) y los dos que Kobe ganó con Pau Gasol (2009, 2010). Si se llevan este título de la burbuja habrán logrado, por fin, completar una persecución de décadas e igualarán a los Celtics como equipo con más títulos.

Los Heat, por su parte, tienen tres anillos (2006, 2012 y 2013). El cuarto les colocaría el sexto lugar histórico, un enorme mérito para una franquicia fundada en 1988 y que es la que más finales ha jugado en los últimos quince años (seis, con esta de 2020).

PALMARÉS DE LA NBA

17 anillos: Boston Celtics

16: Los Angeles Lakers

6: Golden State Warriors y Chicago Bulls

5: San Antonio Spurs

3: Philadelphia 76ers, Detroit Pistons y Miami Heat

2: New York Knicks y Houston Rockets

1: Cleveland Cavaliers, Atlanta Hawks, Washington Wizards, Oklahoma City Thunder, Portland Trail Blazers, Milwaukee Bucks, Dallas Mavericks, Baltimore Bullets, Sacramento Kings, Toronto Raptors.

Fuente: As.com

NBA | FINALES 2020 – Las Finales soñadas que nunca se jugaron durante los años de Kobe

Lakers y Heat no se enfrentaron en la lucha por el anillo durante la etapa de LeBron en Florida. Este tampoco se enfrentó a Kobe con los Cavs, pero estuvo a punto en 2009.

Las Finales soñadas que nunca se jugaron durante los años de Kobe

Durante años, los partidos entre Lakers y Heat fueron puntos muy fuertes de la temporada regular de la NBA. Eran la gran oportunidad de los aficionados de ver cara a cara a los dos grandes jugadores del momento, Kobe Bryant y LeBron James. En su carrera, los dos se enfrentaron 22 veces, Kobe siempre en los Lakers y LeBron entre Cavaliers y Heat, los dos equipos en los que jugó antes de fichar en 2018 por, precisamente, los Lakers.

LeBron ganó 16 veces a Kobe (16-6) y promedió 28,2 puntos, 7,4 rebotes y 7,3 asistencias por el 24,6+5+5,2 del eterno Kobe. Sin embargo, todos esos partidos fueron en fase regular y nunca en la lucha por el título, una serie por la que suspiraba todo el entorno NBA en unos años en los que se escurría una y otra vez entre los dedos de los playoffs: desde 2007 y hasta 2018, siempre estuvieron uno de ellos en la lucha por el título, pero nunca se enfrentaron. LeBron llegó en 2007 y entre 2015 y 2018 con los Cavs y entre 2011 y 2014 con los Heat. Kobe, que se retiró en 2016, jugó tres seguidas (08-10) ya con LeBron (número 1 del draft en 2003) en la Liga.

El duelo indiviual (aunque no era un Heat-Lakers, la final que se va a jugar ahora en la burbuja de Florida) nunca estuvo tan cerca como en 2009. Los Lakers venían de ser finalistas y se metieron en una final en la que ganaron el primero de sus dos últimos títulos. Pero en la última ronda no se encontraron a LeBron y sus Cavs, que perdieron la final del Este aunque tenían ventaja de campo. Habían sido los mejores de Oeste (65 victorias) y Este (66), pero los de Ohio se estrellaron (2-4) con Orlando Magic, el equipo que lideraba un esplendoroso Dwight Howard. El sueño de ese duelo histórico acabó en Orlando, donde se juegan estos playoffs, y a manos de Howard, ahora compañero de LeBron en los Lakers, el equipo de la vida de Kobe. Se cierra un círculo.

Fuente: As.com

NBA – LeBron James desvela el mensaje que le envió Kobe Bryant cuando fichó por los Lakers

El célebre baloncestista ha recordado las significativas palabras de ánimo que le dedicó la malograda estrella del equipo angelino en el año 2018.

LeBron James desvela el mensaje que le envió Kobe Bryant cuando fichó por los Lakers

La figura de Kobe Bryant continúa extendiendo su larga sombra sobre la NBA. Desde su muerte a finales de enero en un accidente de helicóptero, la leyenda de Los Ángeles Lakers sigue estando muy presente en la memoria de los aficionados al baloncesto y de otras grandes personalidades de la competición estadounidense. Y LeBron James ha sido el último en recordar al exjugador.

En declaraciones hechas a Yahoo Sport, la actual estrella del conjunto californiano rememora el WhatsApp que le mandó Kobe justo antes de que él llegara al equipo, en un momento en el que no todo el mundo confiaba en la idoneidad de su fichaje: "Recuerdo cuando decidí venir aquí, Kobe me envió un mensaje que decía: ‘Bienvenido, hermano. Bienvenido a la familia’".

Como ha explicado el alero, las palabras de Kobe resultaron particularmente importantes para él dado el contexto en el que se produjeron: "Fue un momento muy especial porque en ese momento la afición de los Lakers no estaba del todo conmigo", ha relatado, "Mucha gente decía ‘no queremos a LeBron en este momento de su carrera, ¿está bien? ¿Nos va a llevar a las finales?’ Así que leer eso de él significó mucho para mí. Nunca me cuestiono a mí mismo, pero cuando te dice eso Kobe, significa mucho".

LeBron también ha comentado en la entrevista algunos de los temas de los que le habría gustado charlar con Kobe, incluyendo el hecho de que ambos no coincidieran nunca en las finales: "Me hubiera disculpado con él por eso. Habría sido en plan: no le dimos a la gente lo que quería".

Por otro lado, el alero ha asegurado que se arrepiente de que nunca se llegara a materializar ningún encuentro importante fuera de las pistas entre él y Kobe. "Por supuesto, siempre piensas que acabará llegando el momento en el que podríamos reunirnos, y yo sé que nos arrepentimos de muchas cosas en la vida, pero desde luego, me hubiera encantado tener un momento así con él".

Fuente: As.com

OTROS DEPORTES – Todo sigue igual en reanudación de temporada con Jazz y Lakers ganadores

Todo siguió igual en la reanudación de la temporada regular en la burbuja de Orlando, donde se jugaron los dos primeros partidos de la NBA después de más de cuatro meses y medio de espera a causa de la pandemia del coronavirus.

La NBA volvió con todo.

Tras dos semanas de no haber ningún positivo entre los jugadores que han sido recluidos en el Walt Disney World Resort, la acción llegó con el primer duelo que tuvo de protagonistas a los Jazz de Utah y los Pelicans de Nueva Orleans, seguido por el de Los Angeles Lakers y sus vecinos de los Clippers.

Los triunfos fueron para los equipos favoritos, con el mismo margen de puntos y el mismo comienzo de partido, todos los jugadores arrodillados mientras se interpretaba el himno nacional.

Tras la reivindicación social de los jugadores, llegó la acción y el pívot francés Rudy Gobert, que fue el primer positivo de COVID-19 que se dio en la NBA y que generó la suspensión inmediata de la competición el pasado 11 de marzo, también quiso ser protagonista al conseguir la primer canasta del regreso a la acción y los dos tiros libres que le dieron el triunfo a los Jazz por 106-104.

Si Gobert anotó los puntos decisivos, además de acabar con 14 tantos, 12 rebotes y tres tapones, el base Jordan Clarkson aportó 23 puntos y fue el líder de la lista de los seis jugadores del equipo de Utah que tuvo a seis con números de dos dígitos.

Clarkson aunque falló siete de ocho tiros de triples, hizo 8 de 17 en los de campo, además de 6 de 7 desde la línea de personal, capturó cinco rebotes, dio tres asistencias y recuperó dos balones.

El escolta Donovan Mitchell llegó a los 20 puntos, con cinco rebotes, cinco asistencias y tres recuperaciones de balón para ayudar a la victoria, mientras que el alero australiano Joe Ingles anotó 13 puntos.

Ingram con 23 puntos fue el líder de los Pelicans, que también tuvieron el apoyo del base Jrue Holiday con 20, cinco rebotes, cuatro asistencias y tres robos de balón.

Mientras que el ala-pívot novato, Zion Williamson, que al final jugó tras superar la cuarentena de cuatro días por haber dejado la burbuja, logró 13 puntos con 6 de 8 tiros de campo.

Tampoco los 21 puntos del escolta J.J.Redick, incluidos tres triples de ocho intentos, cambiaron la suerte de los Pelicans (28-37), que necesitaban ganar el partido de cara a poder luchar por el octavo puesto de la Conferencia Oeste, que le pueda dar el derecho a estar en los playoffs.

Mientras que los Jazz (42-23) se consolidan en el cuarto puesto de la clasificación al tener ya asegurado el pase a los playoffs.

Luego llegó el duelo entre los equipos angelinos y el alero estrella LeBron James volvió a surgir como el jugador decisivo al anotar la canasta que decidió la victoria de los Lakers.

Aunque los Lakers llegaron a tener hasta nueve puntos de ventaja (96-87) con menos de cinco minutos por jugarse, la suerte final del triunfo se dio cuando el alero Paul George, de los Clippers, falló el último tiro a canasta, un intento de triple.

Aunque el pívot Anthony Davis, con 34 puntos, ocho rebotes y cuatro asistencias, fue el líder encestador de los Lakers, James se convirtió de nuevo en el jugador que protagonizó las acciones decisivas, como la canasta ganadora, a falta de 12,9 segundos, que logró tras recuperar el balón que no había entrado con su primer tiro en penetración por el centro.

James acabó el partido con 16 puntos, 11 rebotes, siete asistencias y tuvo cinco perdidas de balón.

Mientras que el ala-pívot Kyle Kuzma, que siguió de sexto jugador al salir del banquillo, también fue clave en la victoria de los Lakers al aportar 16 puntos, siete rebotes, dio dos asistencias y puso un tapón.

El escolta Dion Waiters, la adquisición de los Lakers para reiniciar la temporada, tuvo una buena labor con 11 puntos como reserva tras anotar 5 de 10 tiros de campo, a pesar que falló cinco de seis intentos de triples.

George con 30 puntos, incluidos seis triples de 11 intentos, fue el líder del ataque de los Clippers, que también tuvieron al alero Kawhi Leonard como su segundo máximo encestador al conseguir 28 puntos.

Fuente: Ultima Hora.com

OTROS DEPORTES – Llega el momento de la verdad en la NBA

Luego de 4 largos meses de ausencia y 66 partidos de preparación durante 8 jornadas seguidas, llegó el día previo de cara a la reanudación oficial de la Temporada 2019-2020. La espera es cada vez menor y solo nos resta un día libre para el regreso formal de la mejor liga del mundo, dejando definitivamente atrás aquella brusca suspensión del 11 de marzo. Tras la adaptación progresiva y el reencuentro con el ritmo competitivo D10 hace un análisis y recuento de lo vivido.

Llega el momento de la verdad en la NBA.

Tras el regreso de la NBA en el Walt Disney World Campus Resort en Orlando, los aficionados han podido ser testigos del estado de los 22 equipos que tomarán parte de la disputa por el campeonato. Sin púbico presente y en medio de un mundo cada vez más digital, los protagonistas del juego volvieron a tener contacto con el baloncesto y reactivaron el espíritu competitivo antes la llegada del momento de la verdad y enfrentarse en el auténtico escenario: los Playoffs.

La defensa gana campeonatos

Durante y luego de la pandemia por el virus COVID-19, definitivamente el mundo no será el mismo, pero dentro del Universo NBA existe una condición inalterable: la defensa gana campeonatos. Alejados de los entrenamientos y la competición diaria, el proceso de readaptación trasciende más allá del ritmo y de lo físico, sobre todo en la ofensiva del juego se ven condicionados considerando las dimensiones de la cancha, las cuales son diferentes a las que están acostumbrados; el ancho visual es mayor y cambia la profundidad de fondo, esto puede afectar en la efectividad de tiros de campo.

En los partidos de preparación se ha visto un descenso considerable en el porcentaje de aciertos de los lanzamientos, con un volumen de intentos similar. Así, con la incertidumbre ofensiva una estrategia defensiva en el perímetro y dentro de la pintura podría ser la clave para mantenerse con vida en lo que resta de temporada regular y sobre todo una vez en instancias de Playoffs.

En esta arista, franquicias como los Philadelphia 76ers, Los Angeles Clippers, Milwaukee Bucks e incluso Miami Heat han dejado en claro que desplegando sus armas defensivas podrán marcar pautas en la artillería ofensiva enemiga y regular el ritmo del juego, creciendo únicamente en la defensa. El argumento durante los juegos de preparación fue puesto en marcha las defensas zonales y defensa bajo presión, sean un experimento o no, sabemos que las estrategias defensivas serán la clave.

LeBron James, listo para la vuelta.

Las estrellas siguen siendo las estrellas

Con menos minutos que lo habitual y evidentemente sin la misma intensidad de juego a la que estamos acostumbrados, fueron necesario pocos cuartos para ser testigos que en el momento que las superestrellas de cada equipo aprietan el acelerador, pocos jugadores pueden hacerles frente. Y a pesar de los minutos regulados, han dejado en claro que nada o prácticamente nada ha cambiado para ellos.

Giannis Antetokoumpo, en 61 minutos de acción a anotado 67 puntos. James Harden siendo el principal argumento ofensivo de los Rockets ha promediado 30 puntos en sus tres partidos disputados. Rick Rubio anotó 24 puntos, 4 asistencias y 4 robos frente a los Raptors. Por su parte, el siempre completo Luka Doncic terminó su último juego con 23 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias. LeBron, sigue siendo LeBron.

La pandemia del balón perdido

Por falta de ritmo, las pérdidas de balón por partido se han propagado en la burbuja de la NBA más que el Coronavirus en nuestro país. La falta de rodaje, rutina y necesidad de recuperar la química de cada equipo ha conllevado a un aumento significativo en este apartado, provocado principalmente por errores de manejo y perdidas de control del balón.

Ejemplos como las 28 pérdidas cometidas por los Raptors frente a los Suns, 22 por los Celtics ante los Rockets, 21 por Bucks contra Pelicans o las 24 de Spurs en su partido frente a Nets reflejan bien esta problemática.

Fuente: Ultima Hora.com

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